Publicado el 13/06/2025 por Administrador
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La capital iraní vivió su noche más oscura en años. Una ofensiva aérea sin precedentes, lanzada por Israel la madrugada del 13 de junio, dejó un saldo devastador: al menos 70 muertos y más de 300 civiles heridos, según reportes oficiales del gobierno de Irán. Las explosiones sacudieron múltiples puntos de Teherán, dejando una ciudad paralizada por el miedo y el luto.
La operación, bautizada como “León Naciente”, no solo alcanzó instalaciones militares y nucleares en diversas regiones del país, sino que también impactó zonas residenciales densamente pobladas. En barrios cercanos al aeropuerto Mehrabad y a varios edificios gubernamentales, las detonaciones generaron incendios, derrumbes y caos generalizado.
Entre las víctimas mortales se cuentan mujeres, niños y familias enteras que dormían cuando comenzaron los ataques. “El cielo se volvió rojo, pensé que había comenzado una guerra total”, relató un testigo en el norte de la ciudad. Las ambulancias no daban abasto y hospitales como el Imam Khomeini y el Milad se vieron obligados a declarar emergencia general ante la cantidad de heridos.
Los misiles también impactaron objetivos estratégicos en otras ciudades como Isfahán, Natanz y Fordow, afectando centros clave del programa nuclear iraní. Las autoridades confirmaron la muerte de altos mandos de la Guardia Revolucionaria, entre ellos los generales Hossein Salami y Mohammad Bagheri, así como de varios científicos vinculados al desarrollo atómico.
La respuesta de Irán fue inmediata: más de 100 drones y misiles fueron lanzados contra territorio israelí. Aunque la mayoría fueron interceptados por el sistema Cúpula de Hierro, algunos alcanzaron zonas habitadas, causando heridos y daños materiales en Tel Aviv y Haifa.
La comunidad internacional reaccionó con extrema preocupación. Naciones Unidas convocó una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad, mientras países como Francia, China y Rusia instaron a ambas partes a evitar una escalada que podría desatar una guerra regional de consecuencias incalculables.
El ataque también generó impacto en los mercados: el precio del petróleo se disparó un 5 %, y el oro alcanzó su punto más alto del año, reflejando el nerviosismo de los inversores ante una posible interrupción del suministro energético en el Golfo Pérsico.
Israel justificó el ataque como una “acción preventiva” ante lo que calificó como una amenaza inminente por parte del programa nuclear iraní. El primer ministro Benjamin Netanyahu declaró que “el derecho a la autodefensa incluye neutralizar a quienes preparan nuestra destrucción”.
Desde Teherán, el gobierno iraní calificó los hechos como una “declaración formal de guerra” y aseguró que responderá “con toda su fuerza, en el momento y lugar que considere oportuno”. Las calles de la capital, mientras tanto, permanecen en silencio, interrumpido solo por sirenas y funerales improvisados.
El mundo observa con atención. Lo que comenzó como un golpe quirúrgico se ha transformado en una tragedia humana y en una amenaza real de conflagración internacional.